
| MAR ADENTRO -- Javier Bardem caracterizado como Ramón Sampedro en la película de Amenábar. |
La famosa película de Amenábar Mar Adentro ha abierto por enésima vez la caja de Pandora en cuanto a la eutanasia. Utilizando la mortal experiencia del tetrapléjico Ramón Sanpedro, y como una especie de prolegómeno de la campaña gubernamental para la legalización del suicidio asistido, este popular director ha llevado a la pantalla el drama de aquellos que se van en la trágica situación de no querer vivir más. Aunque paradójicamente, el film ha sido calificado por la crítica como un canto a la vida, la verdad es que su mensaje es tan vital como el de los gladiadores que gritaban: Los que van a morir te saludan. Certeramente ha sido calificado por un portavoz del colectivo Hay Alternativas como de un canto a la muerte.
| ¿Es este filme un "canto a la vida" o un "canto a la muerte"? |
Ya hace años que, en estas mismas páginas, dedicábamos un artículo a este controversial asunto a raíz de la petición que hizo Sanpedro a las autoridades para que le concedieran lo que él consideraba una muerte digna. Pero ahora que el suicida gallego ha dado el salto desde la pequeña pantalla a la gran pantalla y se ha reabierto el debate, merece la pena salir de nuevo a la palestra mediática y traer algo de luz al tenebroso tema de la buena muerte.
Nuestro Gobierno parece estar empeñado en poner a España a la cabeza del progreso ético, y quiere que nos codeemos con países como Holanda y Bélgica a la hora de conceder licencia para matar. No parece importarle que el resto de los países del mundo estén en contra o no lo tengan claro. Aun en el siglo XXI, España es diferente. El hecho de que algunas encuestas hablen de un 67% de la población a favor de la eutanasia y que el Gobierno busque un amplio consenso tampoco justifica este tipo de progreso. Por la misma razón que una mayoría racista tampoco justificaría leyes racistas.
Pero lo que más debe importarnos no es el aspecto legal sino el humano, no que el Gobierno permita matar, sino que haya personas que quieran poner fin a su existencia. Estoy a favor de escuchar al que sufre, decía José Bono. Pero si escuchar al que sufre implica acercarle un vaso de cianuro, quizá sería mejor taparnos los oídos y entonar un canto a la vida. Por supuesto que no es fácil enfrentarse al sufrimiento físico o psicológico de una enfermedad terminal. Pero si hasta la Constitución dice que defender a la patria está por encima de la vida, ¿no puede haber entonces valores que estén por encima de la muerte? ¿Qué derecho tiene el dolor a escribir el punto final a la historia de nuestra vida?
Se oyen, sin embargo, voces que dicen que la vida es un derecho, no un deber; que no hay más libertad que poder elegir sobre tu propia vida; que no se trata solo de vivir, sino de vivir una vida digna. ¿Pero quién y en nombre de qué establece esos principios? Si, por ejemplo, una persona o grupo de personas dependen vitalmente de mí, ¿sobre qué base se puede afirmar que no tengo el deber de vivir y que puedo darles el último adiós? ¿Y de qué libertad estamos hablando? ¿De una libertad puramente individual y egoísta que niega toda solidaridad con la raza humana a la que pertenecemos? Se habla mucho de dignidad en este contexto, ¿pero qué entendemos por dignidad, las cosas que rodean a la vida o la vida misma?
Sanpedro decía (y así quedó grabado en su tumba) que era una cabeza viva unida a un cuerpo muerto. ¿Pero qué es la vida en realidad? ¿Un conjunto de movimientos y sensaciones físicos? ¿No existe en el ser humano una realidad interior infinitamente superior a la apariencia física? ¿Cuántos seres hay (como Hawkins) con un cuerpo muerto que han alcanzado unos logros impensables para otros mortales con todas sus facultades? ¿No es infinitamente peor tener un cuerpo vivo unido a una cabeza muerta?
Pero la gran tragedia del ser humano es que ha olvidado su verdadera naturaleza y origen, se considera un mero animal racional y, por tanto, actúa en consecuencia. Si nos convencemos de que somos solo un cuerpo, y ese cuerpo no funciona, o funciona mal o sufre, ¿por qué seguir viviendo? Paradójicamente, sin embargo, hay un yo esencial que decide matar al cuerpo. ¿Pero qué o quién es ese yo?
Puede que, al igual que los filósofos griegos, lleguemos mediante una serie de razonamiento a creer en la existencia del alma. Pero sin duda la fuente más fiable en este sentido es el manual de instrucciones que nos ha entregado el fabricante del ser humano. Y Dios nos dice en su Palabra que Él hizo al hombre del polvo de la Tierra (todos los elementos del cuerpo humano están en la Naturaleza), pero que además le infundió aliento de vida, creándolo así a su imagen y semejanza. Y esa chispa espiritual y divina que hay en el hombre es lo que no solamente lo hace diferente a todas las demás criaturas, sino que le dan una dignidad esencial que es independiente de sus circunstancias. ¿Quién nos puede dar, pues, libertad para disponer de nuestra propia vida?
| ¿Puede el ser humano poner "fecha de caducidad" a la vida? |
Querido amigo, ojalá no tengas que verte nunca a ti ni a ningún ser querido en una situación terminal. Pero si llegara el caso, no usurpes el lugar de Dios poniendo fecha de caducidad a la vida. EL SEÑOR da muerte y da vida (1 Samuel 2:6). Busca, por el contrario, esa vida espiritual y eterna que te ofrece Aquel que dijo: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Sin esa vida, solo tienes el mal que hay dentro de ti y que te llevará a la muerte eterna.
por Demetrio Cánovas
EL HERALDO (Nº 204)
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